23 enero, 2016

EL HIJO


Una calurosa mañana, al verme, el hijo cruzó la calle, me dio el encuentro y me extendió la mano para agradecer mi presencia en el pasado velorio de su madre. No pude más que sorprenderme, le extendí también mi mano, le di una palmada en el hombro y me despedí sin más. Ya en casa, no dejé de pensar en ese instante, lo recordé en la iglesia, junto al féretro, con traje de riguroso luto y recibiendo los pésames de los asistentes.

El hijo fue el único hijo de aquella madre a la que muchos quisimos y a la que fuimos a darle el último adiós aquel triste día de primavera, pero decir que fue un buen hijo, definitivamente no podría.

Los padres siempre quieren dar lo mejor a sus hijos. En este caso, no fue la excepción, pero algo tuvieron que haber hecho mal, pues el hijo sólo se limitaba a recibir mas no a retribuir. En una oportunidad, el hijo fue desenmascarado por recibir la mensualidad y algún dinero adicional para solventar sus estudios universitarios, pero jamás hubo matrícula ni universidad ni estudios ni nada. El hijo ya había superado en talla al padre y en voluntad a la madre; mientras ellos envejecían él calculaba, y mientras sus cuerpos se debilitaban y enfermaban, él seguía calculando.

En cierta forma, el padre tenía los medios para pasar una vejez digna, él y su esposa, pues trabajó y acumuló durante toda su vida, pensando ingenuamente, que tenía todo inventariado y bajo control; sin embargo, era el hijo el que lo tenía, pues ya se había encargado de duplicar todo, de apoderarse de las contraseñas de los bancos y de estar siempre un paso adelante en todo, incluido un juego de llaves adicional de toda la casa.

Con el paso del tiempo, pasó lo que tenía que pasar, el padre envejeció y pasó a ser un objeto más en ese laberinto llamado hogar, mientras la madre ensayaba una sonrisa y miraba hacia otro lado, atendiendo en todo al hijo, la comida siempre caliente, disimulando sus excesos y firmando todo lo que había que firmar, para evitar discusiones y problemas, después de todo era su único hijo. Mientras tanto, el padre llegó a un estado en que urgía atención médica y cuidados especiales, lo cual no fue considerado una prioridad.

Cierto día, entre tantas idas y venidas, variaciones del clima y preparativos para la Navidad, el padre cerró sus ojos para siempre y no fue algo tan terrible para el hijo, pues ya él había tomado todas las precauciones para esa eventualidad, incluido el cálculo de los gastos a realizar y tantas cosas más que no incluían ni lamentos ni arrepentimientos ni exámenes de conciencia.




Por eso, aquella mañana en que se detuvo a agradecerme por acompañar a su madre, me sorprendí; hubiera querido ser yo el que le agradezca por todo y por portarse como un buen hijo, pero no fue así. Simplemente, le di la mano y aquella palmada en el hombro y seguí mi camino, volteé luego a ver su paso presuroso y vi al mal hijo perderse entre la multitud.


" Honra a tu padre y a tu madre,
para que tus días se alarguen
en la tierra que Jehová tu Dios te da." 
(Éxodo 20:12)

22 enero, 2016

MI ENCUENTRO CON MAJU


Camino sin apuro por la calle Zela. Paso frente a la esquina donde se ubica Botica Popular (a la altura del antiguo ferrocarril), casi llegando al cine El Pueblo. Me detengo en la esquina de Casa Naito, cruzo hasta Pollos Bolívar y paso luego por Casa Fuentes, justo en el momento en que abren el local y una empleada coloca una pequeña pizarra con precios en la vereda. Es ya la cuadra siete de Junín. El tráfico es pausado. Tanto peatones como automóviles parecen haberse puesto de acuerdo pues nada rompe esa especie de letargo que empieza también a invadir mis piernas. Justo al cruzar hacia la otra vereda, es cuando la veo, hermosa y radiante, la mujer más bella que jamás haya visto.

Tengo que hacer una parada obligatoria en Comercial Gayoso, que es donde Maju acaba de entrar. La he reconocido por las fotos en los diarios y porque además, lleva puestas su banda y corona al bajar del taxi. Ha ingresado a la tienda saludando a un pequeño grupo de curiosos. Luego, la gente empieza a agolparse en la puerta, todos mirando hacia el interior, comentando, señalando y volviendo a mirar a la hermosa mujer que tienen al frente y cuya belleza opaca al mismo brillo de su corona. El señor Gayoso, dueño del local, tan circunspecto y sin perder de vista a su ilustre visitante, demuestra sus dotes de buen vendedor, pues es él mismo quien la atiende, sin perder la elegancia y con un poco de nerviosismo al mirar de soslayo a la multitud.

Maju, bella, espigada y sonriente, es la primera Miss Perú trujillana. Yo, olvidando por completo hacia dónde me dirigía, he caído rendido ante su belleza, al igual que todo el séquito de admiradores que la observan escoger algunas telas, probarse algún calzado o simplemente respirar. Aunque Maju no tuviera puesta su indumentaria de reina en este instante, podía haber sido identificada en cualquier lugar del planeta sólo por su clase, garbo y porte.

No veo la hora de ir a casa y contar a todo el mundo mi casual encuentro con María Julia Mantilla Mayer, Miss Perú por siempre, eternamente coronada . . .



03 noviembre, 2015

MUJER ENTRAÑABLE


Conocí a doña Elsita hace exactamente diez años, después que uno de sus hijos partiera en un vuelo sin retorno, pena que con gran sabiduría depositó en su corazón y transformó en una bellísima sonrisa. Conocí esa fortaleza, esa dulzura, ese don de gentes y el cariño que irradiaba su sola presencia. Dichosos los hijos que fueron formados por esta gran dama trujillana, quien también demostró el amor por su prójimo participando activamente en favor de su comunidad.

Mujer entrañable, madre ejemplar, amiga excepcional. Qué orgullo haberla conocido. Qué alegría recordarla. Qué misión suya tan perfectamente cumplida en la vida.


Elsa Salomón De Loli 
† Octubre 30, 2015.

07 agosto, 2015

LA CHULA


Hoy te recordé, Chula. Recordé tu grácil figura detrás de aquel mostrador, tu risa contagiosa y tu voz acaramelada, siendo siempre la callada protagonista de una vida que ha visto pasar muchos veranos. Tus recuerdos son de siempre, de toda la vida, de las reuniones en casa, de la risa y algarabía en las mañanas y acaso del llanto durante algún ocaso.

Disculpa que te llame así, Chula, pero sabes que lo hago con el mayor de los respetos.

Siempre pasábamos por tu bodega y siempre encontrábamos ahí el cariño que en casa nos sobraba, además de los clásicos bizcochitos con mantequilla, una deliciosa costumbre que tú iniciaste. Por eso y por muchas otras cosas te recuerdo hoy, después del café, en esta fría tarde de invierno.

Tu piel morena nunca fue diferente para mí, Chula, pero sí tu corazón, que tenía mucho que dar, con esa envoltura y lazo que solamente guardan los regalos más significativos. Tal vez si Dios te hubiese bendecido con un hijo, un hijo de tus entrañas, habrías sido la madre ideal que, lamentablemente no fuiste . . . nunca se sabe.

Jamás me gustó usar sortijas, Chula, pero aún conservo aquella que me obsequiaste. Te contaré que hoy me la puse. Estuve observando por un minuto mis pálidos dedos y he recordado muchos momentos junto a ti, cuando todo era bonito y los años jóvenes, siempre en aquella nuestra vieja casa.




Los años fueron pasando, Chula. Fuimos creciendo y recibiendo aquellos tónicos naturales que tú misma, con deleite, nos preparabas. No sé cuándo ni de dónde empezó a caer nieve sobre tu pelo, pero el ruido de la lluvia nos empezó a distanciar. Cambiaste, pero no creo que haya sido sólo culpa tuya. Tal vez tu amor fue sólo flor de un día, pero ya qué importa eso . . .

Te dejas extrañar, Chula. No sé si fuiste realmente feliz. Te imagino hoy, sentada en un destartalado sillón a tus noventaitantos años y tejiendo recuerdos en un empolvado desván. Tus ojos ya no son más aquellas fulgurosas lamparillas que junto a tu sonrisa llenaban por completo todos los espacios por donde andabas. Tu mirada perdió su brillo, pero de vez en cuando un recuerdo airea esos pequeños fogoncillos tan humedecidos ahora por la nostalgia. Por un instante, tu risa vuelve a ser la misma que llenaba por completo nuestra hermosa casa.

Aún hay tiempo, Chula, busca ese refugio del que nadie podrá jamás apartarte y que muchos buscan cuando ya no tienen más nada qué hacer.




Hay una habitación vacía.
En la esquina del gran comedor, un sillón y un viejo delantal.
Hoy no es 23 de Enero.
Mucha gente entra y sale del lugar.
No siento tu mirada . . .
Tu risa ya no se escucha más . . .


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Sillón Con Delantal, imagen tomada de Jorge Bayo Blog, "Trabajando Sin Rumbo.
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Fecha original de esta publicación : Agosto 6, 2011.



24 marzo, 2013

EL POLICÍA QUE ECHO DE MENOS


El policía que echo de menos  es aquel que hacía sus rondas de madrugada, que no contaba con un patrullero pero se lo escuchaba pasar haciendo sonar sus botas en la calzada, velaba el sueño de todos los ciudadanos y nos hacía sentir muy seguros sólo por el hecho de estar ahí. Solían haber varios policías repartidos estratégicamente en las calles, pero no andaban juntos para todos lados sino que hacían su ronda y se juntaban de trecho en trecho para coordinar su vigilia. La ciudad era pequeña, entonces. En épocas de lluvia, las botas de los policías sonaban en los charcos haciéndonos sentir aún más seguros con su presencia.

El policía era alguien a quien se respetaba como persona y por el uniforme que llevaba, independientemente de los galones que luciera. Nadie levantaba la mano contra un policía pues era una autoridad e infundía respeto. Recuerdo que era muy raro escuchar que alguien haya segado la vida de un efectivo policial, pues quien lo hacía iba directo al paredón. Era la ley de entonces.


El policía que echo de menos era un hombre responsable con su trabajo. Era aquel que después de un día agotador, descansaba, pues trabajaba para otros ciudadanos como él, no para una empresa privada. El policía elegía ser policía porque era su vocación, sabía a lo que se metía. Muchas veces, sus padres y sus abuelos habían sido policías también. No era un trabajo desconocido para ellos, ya que sabían de los riesgos, beneficios y salarios. Además, ser policía era un empleo seguro y de por vida. Muy pocos entraban a la institución policial para probar o para ganar algo de dinero y luego dedicarse a otra cosa. Los policías trabajaban y su trabajo era supervisado, como en cualquier empresa. Nadie en la policía pedía permiso para ir a clases, descuidando su labor policial, pues su carrera era ser policía y el Estado le pagaba un sueldo para eso. La policía, como institución, no era un trampolín para luego abandonarla y dedicarse a otra cosa, salvo incapacidad o motivos de fuerza mayor. Sé que todos tenemos derecho a superarnos pero creo más en una adecuada orientación vocacional, pues si una persona ocupa una vacante y luego la abandona, merma la producción-hombre de la institución o empresa para la que labora.

Realmente no sé qué habrá sido de aquel policía al cual echo de menos. No puedo decir que evolucionó pues no es evolucionar verlo ahora en las páginas de cualquier red social luciendo su celular de última generación, exhibiendo su última conquista o exponiendo su vida privada muchas veces entre tragos, cosa que por ética, es decir por ser policía, debería mantener en reserva, para ser respetado como tal. Es obvio que todos tenemos derecho a divertirnos. Aquel policía al que ahora echo de menos, también lo hacía.

El policía que echo de menos es aquel que actuaba frente a la delincuencia, inclusive estando de civil o en su día de franco, pues era alguien que siempre se mantenía atento y caminaba junto a su prójimo y de la mano de la ley. Jamás se hacía de la vista gorda ni delimitaba su espacio como hacen ahora los que están trabajando en una entidad privada. No sé en qué momento el policía empezó a ser un trabajador free-lance, algo así como un jugador de fútbol que se esfuerza en hacer sus mejores jugadas para su club y no suda la camiseta para la que fue contratado.

Ese policía al que ahora recuerdo era un personaje sencillo, atento, responsable, honesto, honrado, con virtudes y defectos, claro está. Los malos policías, los más vivos, existieron siempre, al igual que las coimas, las amarradas de macho y los saludos a la bandera. Siento lástima que en la actualidad haya un cáncer que avanza con más agresividad dentro de esta institución y que algunos jefes corruptos estén enquistados en sus puestos o amarrados con los que van un paso delante de ellos.

Tengo entendido que en la Policía Nacional hay oficiales y sub-oficiales. No sé mucho de rangos ni de galones pero supongo que un sub-oficial es aquel al que vemos todos los días en la calles, a veces trabajando para empresas privadas (las cuales tienen los medios para pagar su propia seguridad particular) con el uniforme que el Estado les facilitó. Y un oficial es aquel al que el Estado prepara, le brinda cursos, los envía al extranjero con todo pagado (se supone que en mérito a sus capacidades) y quedan listos para asumir jefaturas en cualquier momento.


Siempre hay alguna cabeza nueva que entra y quiere cambiarlo todo. El tiempo va pasando y ese todo regresa siempre a su punto de origen y la gente se acostumbra a esos supuestos cambios y piensa que el policía tiene el derecho a trabajar su día libre y que puede "vender" su día libre al Estado, cuando fue el Estado el que lo contrató para trabajar a tiempo completo.

Es urgente y necesario que el policía tenga un sueldo decoroso, un sueldo en base al trabajo que realiza, es decir que el policía no sea ni oficial ni sub-oficial pues un nivel de subalterno o de élite debe procurárselo él mismo con su grado de eficiencia. Basta ya de premios y felicitaciones a  alguien por hacer algo que es su trabajo y obligación. Ya se han visto muchos casos de policías del año comprometidos luego en actos desleales. Pero para todo esto, el efectivo policial debe tener una buena formación, tanto física como cultural y psicológicamente. Eso no se logra en un año ni en dos. Dentro de la institución debe evaluarse a cada efectivo para saber quién tiene aptitud para la investigación, quién para tratar con el público, quién para manejar un can, o quiénes dominan idiomas para trabajar con turistas, etc. Depende mucho de cada policía el llegar a ser un buen profesional en su campo. He visto muchos policías que suelen investigar, leer y prepararse por su cuenta. Hay muchos jóvenes en la Policía Nacional actual que llevan esa vocación inherente y que sólo necesitan que sus jefes los vayan descubriendo y apoyando.

Creo en una fuerza policial integral, unificada, sin favoritismos ni esquisiteces, donde el policía se dedique sólo a ser policía y a servir al pueblo que al final es el que paga su sueldo. Un policía que tenga horas libres para dedicarlas a su familia.

Como ciudadano, exijo que el efectivo policial tenga una talla y un peso adecuados, como siempre ha sido, no como lo que se ve ahora en la calles. Exijo que el policía no sea un ente pegado a un teléfono celular y que no hayan grupos de policías conversando en vez de patrullar y mantener el orden.

Basta de códigos, nostalgias y rencillas, señores. El emblema de la Policía Nacional del Perú debe ser único : el Escudo Peruano.


El policía que echo de menos era una persona honorable, que daba un buen ejemplo y tenía valores obtenidos en su hogar, con una vocación intocable a flor de piel. Espero que este modelo de policía vuelva, porque presiento que la gente no tolerará más tanta coima, tanto abuso, tanta mediocridad, tanta falta de sentido común y tanta corrupción.



16 marzo, 2013

EL NIÑO ABRAHAMCITO


Abrahamcito nació en marzo, durante una revuelta, en un pueblo muy humilde de la sierra. Era un niño pequeño, delgado y orejón. A los dos años, su cabeza era más desarrollada en comparación al resto de su cuerpo, tanto que a veces parecía irse de lado por su peso. A esa edad, ya sabía que a las seis de la tarde en punto se acostaban las gallinas y le gustaba aquel juego de hacer navegar buques con caramelos dentro.
 
El niño Abrahamcito era un niño bastante despierto e inteligente.  Hacía interminables preguntas, colocando la mano derecha sobre su frente, la izquierda abrazando su cintura y cavilaba buen rato al evaluar las respuestas. A decir verdad, Abrahamcito era muy diferente al resto de niños de su edad e inclusive a sus hermanos pues cuando hablaba lo hacía como un viejo y solía ser el consejero de niños y adultos. Cogía las cosas con mucha delicadeza. Había aprendido a leer y escribir cumplidos los cuatro años de edad, sin haber pisado aún la escuela.

Abrahamcito tenía un apego muy notorio hacia lo litúrgico, quizá producto de su raza mezcla de sangre indígena y española, tanto que su padre quiso que estudiara para ser obispo. Oraba con frecuencia y leía con devoción las Santas Escrituras. Luego sería un niño bastante estudioso y entregado a su escuela, pues pensaba que si él aprendía de sus maestros luego mucha gente aprendería de él.




A los trece años, el niño Abrahamcito enfermó del susto al sufrir una caída del caballo que lo transportaba, lo que sumó muchos problemas a su salud ya de por sí delicada. Sin embargo, nunca perdió el tiempo pues al no poder asistir a la escuela se volvió autodidacta, devorando la extensa biblioteca que su padre poseía. 
 
El niño Abrahamcito se convirtió luego en un joven de 1.70 de estatura, de rostro aguileño y frente amplia. Siempre delgado, pulcro y de andar sobrio. Conservaba una voz suave y particular elegancia, pero sus ojos denotaban un constante sufrimiento interno.

Quién diría que con el pasar de los años, el niño Abrahamcito  empezaría a estudiar Medicina en la Universidad Nacional de Trujillo, aunque con el tiempo haría un cambio de carrera profesional y dedicaría muchas horas a profundizar en su curso preferido : Literatura Antigua.
 
El niño Abrahamcito, ya convertido en hombre, supo siempre que tenía una misión que cumplir, aceptando como suyo el dolor de la gente. Él mismo tuvo que pasar por muchas pruebas, penas e injurias, soportando también aquel triste sentimiento llamado envidia. Pero en el fondo de su alma comprendía que la vida era un calvario por el que se tenía que andar. Era buen conciliador y trató siempre de unir a las personas, a pesar que muchas veces no percibía una buena intención por parte de ellas. Se desahogaba entonces en la lectura o cogiendo una pluma para escribir, como lo hizo desde pequeño.
 
Abrahamcito, aquel niño tan diferente a los demás niños, dejó un día su pueblo y su país a los que tanto quiso, marchando para no volver más. Según sus propias palabras, en el Perú él se veía como una perla perdida en la profundidad del mar. Y no fue su país, por cierto, el que le brindó las satisfacciones que se da a un hijo nacido de sus entrañas.




Hubo una vez un cuarto pintado de verde, una familia, un hogar y una abnegada madre, que se fundieron con el sufrimento del alma, la filosofía y el sentir de la gente tras la puertas. Hubo una vez un huerto, las gallinas, el patio, el oratorio, los buques de papel y un camastro, ordenados todos de forma geométrica, producto de una capacidad creadora divina. Substancia y fuente inagotables.

Hubo una vez un niño al que todos llamaban niño Abrahamcito.


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Relato escrito a partir de  "César Abraham Vallejo, Ascendencia y Nacimiento", por Oswaldo D. Vásquez Vallejo  (U.N.T. - ViceRectorado Académico).

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18 febrero, 2013

LA SEÑORITA ELENA


El Jardín de la Infancia No.208, existió. Estaba ubicado en la cuadra 5 de la calle Zela, a donde asistía de la mano con mi prima Meche. En aquella época teníamos seis años de edad y usábamos un mandilito blanco con nuestro nombre bordado en letras rojas sobre el pecho, además de una bolsa del mismo color, también con nuestro nombre, que usábamos para llevar cuadernos y pequeños libros. Mis hermanos mayores habían asistido también a este jardín de infantes, cada uno con su mandil y su bolsa, que en aquella época confeccionaban y bordaban nuestras madres, con sus primorosas manos.

El primer nivel de educación era kindergarten y el siguiente transición, en donde mi prima Meche y yo conocimos a la Señorita Elena, pues ambos estábamos en el mismo salón de clases. El recuerdo que tengo de esta querida profesora se mezcla en mi mente con algo de nostalgia pues era una persona muy cariñosa con sus alumnos. No creo que ninguno de ellos, donde quiera que esté, la haya olvidado. No, ella era una persona difícil de olvidar. Es irónico que convivamos tan poco tiempo con una persona que recordaremos toda una vida.

La Señorita Elena era una extensión de nuestro hogar y la recuerdo muy dedicada con todos y cada uno de sus pequeños. Era sencilla en su modo de vestir, usaba el cabello muy corto y lucía siempre una sonrisa radiante. Su voz la escucho al cerrar los ojos y se mezcla con aquella fragancia que emanaban las flores y plantas de aquel jardincito de infantes, único, amoroso, inolvidable.




Pero lo que siento cuando recuerdo a la Señorita Elena no es algo que quiero que quede sólo en mí, por eso es que rebusqué esta fotografía y la comparto con todo aquel que quiera conocerla y saber que hubo un tiempo en que un educador era alguien íntegro, intachable y cariñosamente recordable, como los hay también ahora y que son quienes irán formando los recuerdos de generaciones venideras.

Seguramente alguien por ahí navegará en el tiempo y se verá reflejado en esta imagen, trasladándose sin querer a una hermosa época vivida con la Señorita Elena, en ese momento y en ese Jardín de la Infancia No.208 del barrio Chicago. Tal vez esa persona, donde quiera que se encuentre hoy, se sorprenda de pronto al secar una lágrima. A esa persona le digo que la nostalgia muchas veces me ha llevado a querer saber qué habrá sido de los niños de esta foto, cuya fugaz presencia se convirtió en un recuerdo imperecedero.



Señorita Elena Tulich Gularte, una profesora como Usted lo fue, jamás será olvidada por sus alumnos. Llevo siempre en mi mente su enseñanza y ejemplo. Recuerdo su sonrisa, su mirada, su voz y, sobre todo, su vocación de ángel. Recuerdo también a la niña que llegaba a buscarla al Jardín y recuerdo que un día, de pronto, las clases se terminaron y tuvimos que marchar a otro colegio, a otra década, a otras vivencias, dejando atrás momentos esenciales de nuestra vida y aquellos añorados mandilitos blancos primorosamente bordados.

Este es mi pequeño homenaje para Usted, Señorita Elena. Tenga por seguro que las lágrimas originadas por muchos momentos de nostalgia, se transforman siempre en sonrisas eternas.


Gracias, Ana Elena García-Tulich Barrantes

01 diciembre, 2012

ESTEBAN Y EL ESPINO


Subrepticia fue la forma como Esteban se reunió con sus acompañantes en el patio de su casa junto a aquel tosco espino, habida cuenta de lo que ahí se llevaría a cabo. Alertado por ellos, había tapiado algunas puertas y ventanas para que la gente no tuviera motivo alguno para detener su andar y curiosear como lo hacía siempre. Tampoco compartió su entusiasmo con familiares o personas cercanas pues sus nuevos amigos le hicieron saber la importancia de mantenerlo todo en elemental secreto, tal como al final se hizo.

Aquellos nuevos amigos ya no eran tan extraños para Esteban pues lo habían traido de vuelta a un mundo ya imaginado, a una realidad por siempre soñada, a la prosperidad propiamente dicha. Todo lo que estaba a punto de venir ya les había sucedido a otras personas, tal vez muchas que él no conocía pero sí por testimonios contados por ellos, aquellos amigos en los cuales ahora confiaba y que con todo derecho tendrían parte, sólo un porcentaje claro, del total de la suma a ser recaudada después de terminado el proceso.

Mientras todo esto ocurría, se puede decir que las cosas en el hogar iban bien : la esposa, sus dos pequeños, un negocio muy bien surtido que marchaba viento en popa y para completar la dicha sus maravillosos suegros que trabajaban mucho y pedían poco. Además, claro, unos amigos de tragos por aquí, algunas diversiones extra-matrimoniales por allá y cosas así, comportamiento machista muy bien visto a finales de los años cuarenta, que es la época en la que Esteban y sus acompañantes están reunidos en el patio de su casa junto a aquel tosco espino.




Todo se llevó a cabo con mucho esmero. La compra de los materiales a ser utilizados no demandó mucho gasto y fueron los socios de Esteban los que llegaron trayendo los botellones de tinta, los moldecillos de metal y una ingente cantidad de papel cortado, además de otros pequeños aditamentos cuyo uso o finalidad fue muy bien explicado al dueño de casa, no sin antes volver a recordarle mantener la discreción del caso para que la operación llegara a buen puerto y no fueran víctimas de la envidia de la gente, que en estos casos es mucha.

Lo que casi nadie se percató fue que el tosco espino ubicado justo en el centro del patio empezó a mostrar ciertos cambios, poco notorios de hecho, pero sus movimientos y comportamiento, por así decirlo, empezaron a ser diferentes, el árbol comenzó a secretar minúsculas cantidades de una sustancia viscosa de fragancia fuerte, su tallo crecía y se estiraba produciendo un sonido de liberación, cual tenue ronquido de advertencia, el cual no pasó desapercibido para Esteban que volteó su rostro, sorprendido, entablando por un instante el inicio de una comunicación extraña entre los dos, la cual se vio interrumpida abruptamente por uno de los hombres que pedía llenar un gran depósito con agua.

Ya en la tarde, casi a las tres, el material con el que los hombres trabajaban se agotó y éstos tuvieron que partir al pueblo en busca de otro lote. Esteban sintió el irreprimible deseo de entrar a ver los avances, pues aquellos hombres no le habían permitido entrar por una cuestión muy entendible : el secreto de la reproducción de los billetes no podían compartirlo, él solamente podría ver el producto de la valiosa multiplicación una vez terminado el trabajo. Eso sí, lo habían animado a juntar todo el dinero posible porque a mayor cantidad de billetes, mayor ganancia.


 

El árbol pasó mucho tiempo ahí, situado luego en la parte externa de la casa, casi seco y abandonado, inclusive cuando ésta fue destruida algunos años después. Sin embargo, aquella tarde agonizante, cuando Esteban se dejó vencer por la curiosidad y entró a dar una mirada al avance de la reproducción de sus billetes, el árbol había adquirido una contextura pétrea. Cansado de esperar a sus nuevos amigos el hombre se durmió sentado en un rincón del patio junto a una botella de pisco. Hilda, su esposa, se acercó a colocarle una manta y se preguntó qué significarían esos botellones con agua coloreada y esos costales llenos de papelitos cuidadosamente recortados.

Aquella fría noche, mientras todos dormían, el espino penetró en la casa y recorrió todas las habitaciones : la sala, los cuartos, los pasadizos, los jardines interiores, los corrales y la tienda, tomando toda clase de energía que pudo encontrar. La maldición del árbol había encontrado material fértil para crecer : ingenuidad, ambición y maldad. El espino había lanzado su voz de advertencia pero Esteban, como cualquier hombre común y materialista, alejado hace mucho de la naturaleza tan divina como justiciera, sintió pero no supo interpretar.


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Fotografías tomadas del blog "Periódico Ciudadano (Sierra de San Vicente)" y de la galería de Jose Labor Ante "Fotonatura.org", respectivamente.

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16 abril, 2012

NI EL VIENTO, NI EL TIEMPO


Luis Manuel nació en 1944 en el seno de una familia valenciana netamente conservadora. Lo llamaron Manolito desde muy pequeño. Siendo un niño de rostro angelical, noble estampa y marcados rasgos europeos, su futuro se vislumbraba más clerical que relacionado con lo que más tarde llegaría a ser.



Sus padres, un discreto vendedor se seguros y una hacendosa ama de casa, jamás imaginarían que después de debutar como aprendiz de joyero y llegar a ser un experto pulidor de diamantes, emprendería una carrera que, cual divino crisol, lo elevaría al cenit de la gloria, pero no con pocas frustraciones en el camino. 

A medida que Manolito iba creciendo, había algo que le llamaba poderosamente la atención : la música, lo cual lo llevó a sus escasos 17 años a formar una pequeña agrupación. Desde entonces, fusionó esta inquietud con un precioso don que Dios le había obsequiado : su maravillosa voz. No cualquier principiante se hubiera atrevido a cantar Only You de Los Platters en público, tal como él lo hizo alguna vez en la Sociedad Coral El Micalet de Valencia.


El joven Manolito tenía un nombre demasiado largo y poco comercial para ser usado artísticamente : Luis Manuel Ferri LLopis. Es entonces cuando su representante  lo bautiza con otro nombre para sus futuras presentaciones y con el cual podría visitar en breve las grandes compañías discográficas. Lejos estaban ambos de imaginar que ese nombre se convertiría en un mito, no solamente en su país sino a nivel mundial.



El primer recuerdo que tengo de Nino Bravo data de los años maravillosos. En casa de mis abuelitos estaba hospedada Lilia Ponce Martell, una muchacha estudiosa, persistente y con muchas ansias de libertad; ella tenía pegadas en la pared de su dormitorio a muchas estrellas del momento, entre las cuales se encontraba Nino, con la camisa abierta y el colmillo que siempre lo caracterizó colgando sobre su pecho. Lilia siempre se había identificado con él y con todos los cantantes que de alguna manera hablaran sobre la libertad.

Nino Bravo parecía ser una persona apresurada en vivir. Logró muchas cosas y lo hizo en muy poco tiempo. Saboreó el triunfo, el cariño de la gente y se estrenó como padre, todo esto cumplidos los 27 años. Era un hombre que parecía tenerlo todo y que tal vez presagió su destino, pues las despedidas se repetían con frecuencia en algunas de sus canciones.



Nunca logré ubicar el momento de mi niñez en el que se dio la noticia sobre el accidente de Nino, faltando apenas cuatro meses para que cumpliera 29 años de edad. Me hubiera gustado brindarle mis pensamientos en ese mismo instante, escuchar sus canciones y tal vez ponerme a llorar.




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10 marzo, 2012

CARTA A MARIO




Trujillo, 10 de Marzo del 2012

Mario, ayer por la tarde recibí tu llamada. Me dices que te vas, que por fin salió lo de tu viaje. Aunque no es un viaje muy largo, ten por seguro que te extrañaré, claro que te extrañaré dentro de este laberinto existencial multiplicado por mil, en el que todos andamos sometidos y del que no somos más que víctimas.

Me extraña mucho la forma en que los seres humanos existimos, querido amigo. Salimos a la calle, con las justas nos comunicamos, vivimos corriendo aplastados por la presión del tiempo sin detenernos a apreciar un rostro, un gesto, una mirada, una fachada recién arreglada o una obra de arte confundida en el colage callejero de pintura, vidrios, cables, soluciones elípticas improvisadas y aún más informalidad multiplicada.

Eso también le pasó a nuestra amistad, Mario, la cual fue demasiado esporádica y rutinaria hasta los sucesos del pasado 21 de Enero, fecha en la cual tu vida y la de muchas personas cercanas a ti cambiaron notablemente. Ya sabes, siempre hemos escuchado decir por ahí que tenemos que adaptarnos a los cambios y ésta es una buena manera de aplicarlo. Es imposible volver atrás, amigo, así como es inimaginable pensar que la consciencia de la persona que daña así a alguien, tiene una razón y forma definidas.

Hasta donde yo la conocía, tu vida fue siempre bastante activa, entrenando a tus queridos perros, cumpliendo labores de responsabilidad en tu trabajo policial, logrando cumplir tiempo-extra en la hora y lugar que fueran necesarios, todo sin descuidar a tu querida familia. He podido ver también, en mis diarias visitas, el cariño que te tienen en casa, Mario, como hijo, esposo, padre, tío e inclusive el de tu familia política; todos te aprecian como te lo mereces, han sentido mucho lo sucedido y están muy pendientes de ti.

Debo confesarte que me acabo de poner un poco sentimental al recordar que pasará un buen tiempo antes que puedas besar otra vez la mano de tu pequeño Fabricio, tal como lo hacías en casa cada vez que pedías que lo acercaran a ti. Tampoco podré darte la mano y simular que me la aprietas, salvo que vaya a visitarte uno de estos días, mi buen amigo.


Muy bien, Mario. Quiero que sepas que a partir de este acercamiento, te valoro y aprecio más como ser humano. Por eso mi interés en decirte, algunas líneas atrás, que hay que conocer más a las personas para definirlas y no amoldarnos a la rutina que experimentamos cada vez que ponemos un pie en la calle.

Sé que tu vida cambiará mucho y creo que tú, poco a poco, vas tomando más conciencia de ello. He notado también que tu mirada tiene un halo de tristeza reflejada en aquellas ojeras que vas formando. Tu sonrisa ha perdido un poco de su esencia y tus suspiros son cada vez más hondos. Pues habrá que ver qué sucede en este viaje. Ya he conversado mucho contigo y sabes que la depresión no es una opción para ti, pues a pesar de lo que has perdido, tienes muchas cosas más que tal vez ahora no tomas muy en cuenta.

Estoy feliz de que viajes. Era necesario que cambies tu estadía en tantas clínicas por una ayuda más integral. Dios mediante, cuando regreses, sé que habrás dejado atrás muchos obstáculos junto a la masa muscular que poco a poco irás perdiendo. Deberás acostumbrarte a tu nueva vida y todos los que te queremos vamos a lograr que ésta tenga la calidad que tú te mereces.

Ayer, a través de tu llamada, volviste a prometer que me mantendrás al tanto de todo lo que te suceda, de cómo irás avanzando en tu recuperación y de cómo esa tristeza se irá disipando. Tendrá que ser así. Sabré cómo te encuentras con solo oír tu voz, amigo. Por favor, recuerda que tienes que tomar mucho líquido, recibir muchos masajes para mantener una buena circulación, hacer ejercicio para evitar que tus articulaciones se atrofien, cambiar constantemente de posición para evitar las úlceras por presión y, lo más importante, conversar con Dios a cada momento : terapia óptima.

Me entristece saber que cuando me llamas siempre hay alguien que debe sostener el teléfono a tu oído, pues lamentablemente no puedes hacerlo por ti mismo. No te preocupes, Mario, así lo ha querido Dios, por el momento.

Cúidate mucho. Aquí estoy para lo que necesites, pues de eso se trata nuestra amistad, querido amigo.


10 noviembre, 2011

AMIGO, WALTER


Julio 02 - 1983

Walter, amigo, hoy me avisaron que estás muerto. Tus amigos de la discotienda hemos partido a buscarte. Quisimos saber qué había ocurrido contigo, con tu juventud, con tus ganas de vivir, con tu sonrisa.

Llegamos al hospital preguntando por ti. Un vigilante nos conduce a través de un tétrico corredor. Es un ser sin boca y sin oídos. Yo deseo que haga un alto, quiero preguntarle más, que me diga, que me explique. La verdad, quiero detener el tiempo. Tengo temor. No quiero entrar. Quiero conservar intacto tu recuerdo. Pero ya es demasiado tarde, pues casi sin darme cuenta estoy junto a tu cuerpo, cubierto por una sábana, junto a otros cuerpos que se desvanecen en la oscuridad.




El gélido espectro de la muerte lacera mis sentidos. El miedo de ver por primera vez un cuerpo sin vida, en este lugar y en estas circunstancias, va dando paso a una tristeza infinita.

Walter, amigo, al reconocerte bajo esta sucia sábana, sólo se me ocurre pensar que alguna vez hubo una madre cuidándote, que te abrazó, que te besó incansablemente... Y ahora estás aquí, sobre este frío metal, tan solo, descuidado y alejado de todo, un número más en la libreta de este guardia de seguridad que ya se muestra impaciente por terminar su turno.

En estos momentos, amigo Walter, no sé qué pensar de la gente, no sé qué pensar de la vida . . .


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Pintura Corredor o Pasillo Oscuro, por JESÚS FOPIANI.
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30 marzo, 2011

TOCAR EL CIELO


" Las grandes obras las sueñan lo santos locos
las ejecutan los tenaces luchadores
y las critican los inútiles crónicos "




Si me preguntaran quién conquistó los andes, no tendría que remontarme a un momento histórico perdido en el tiempo, sino al 13 de Enero del 2011, fecha en que Omar Contreras alcanzó la gloria piloteando su avioneta ultraliviana Kuntur, una ala delta de dos metros de largo por cuatro de ancho.

A punto de finalizar un proyecto de investigación sobre el cambio climático en Sudamérica, incluido dentro de un recorrido aéreo denominado La Conquista de los Andes, este venezolano de 49 años y el gran equipo que lo acompañaba, se habían propuesto documentar toda una travesía de aproximadamente 18,000 km de vuelo a través de siete de los más altos picos sudamericanos.

Omar voló sobre el cerro Aconcagua (Centinela de Piedra) en Argentina, el más elevado de América, acompañado por intensas lluvias y truenos. Luego remontaría el volcán Ojos del Salado en la frontera Chile-Argentina, donde tuvo que usar un balón de oxígeno debido a la gran altura que logró alcanzar. El siguiente punto fue el Illimani (Aguila Dorada) en Bolivia y luego, desde La Paz, partió hacia Juliaca sobre el lago Titicaca, atravesando 80 km de azul intenso, cambiando el oxígeno por hojas de coca, en lo que llamó "uno de los días más felices de su vida".

La travesía por nuestro país continuó en Cusco, Nasca, Lima y el Callejón de Huaylas (Ancash), en donde Omar voló sobre el Huascarán, el nevado más elevado de Perú, siguiendo luego viaje a Trujillo y Piura.



Omar Gregorio Contreras Contreras, nació en San Cristóbal, Táchira (Venezuela) en 1961. Su experiencia como piloto se inicia casi al cumplir los 20 años de edad. Llevaba una vida metódica : no bebía, no fumaba y corría unos 8 km al día. Le gustaba mucho apoyar a otras personas y participaba en tareas de rescate. Era miembro activo del Departamento de Protección Civil del Táchira... Alguna vez, alguien le preguntó cómo deseaba morir y Omar respondi, sin dudarlo un instante : "volando".

Después de cruzar por la zona andina de Colombia y llegar a Pico Cristóbal Colón, planeaba superar la gran altura de Pico Bolívar, el accidente geográfico más alto de Venezuela, y luego sería recibido como un héroe en Mérida, en donde ya se le preparaba un merecido homenaje.



Es mediodía del 13 de Enero. El equipo de Omar se encuentra en la ciudad de Quito, esperándolo. El piloto partió temprano de Guayaquil para su encuentro con el volcán Chimborazo, el de más altura en Ecuador. Todos están preocupados pues ya han pasado más de las cuatro horas que debió durar el vuelo del Kuntur. Por la tarde, la nave es dada por desaparecida.

Al día siguiente, el cuerpo sin vida de Omar Contreras, fue hallado en una ladera del volcán, junto a su destrozada avioneta. La gente que siempre lo acompañó, también está destrozada y sostiene que la nave no habría resistido la presión de los grandes bolsones de aire caliente formados con regularidad en las partes muy altas, lo que probablemente ocasionó el lamentable accidente.


Enero 17, 2011

Hoy día llegaron a San Cristóbal los restos de Omar Contreras. Las hélices de todas las naves se han encendido al mismo tiempo en el Aeroclub de Paramillo, como un homenaje al piloto, al hijo, al padre y al amigo. Una avioneta ultraliviana planea sobre el cortejo fúnebre, como queriendo decirle a Omar que su siguiente vuelo lo espera. Sus padres se encuentran ahí, al igual que sus hijos Omar Alejandro y Andrés Alberto.

Posteriormente, y cumpliendo su última voluntad, sus restos serían cremados y sus cenizas esparcidas sobre el gran Pico Bolívar, el punto culminante para La Conquista de los Andes.

Descanse en paz, señor piloto.





" Sabrán que fui de nieves y laderas,
de lagunas y cielos despejados,
de retos, de riberas y hondonadas,
de triunfos, brisas, glorias y esperanzas.
Sabrán que fui de cumbres soñador,
de vientos, portachuelos, lontananzas,
de vuelos, de crepúsculos, de auroras,
de glaciares, de azules y de mares.
Sabrán de mis montañas y mis llanos,
de mis azules sueños victoriosos,
del pabellón de besos amarillos.
Sabrán que fui meciéndome en la luz
hasta que el Chimborazo dio en mis manos
mientras yo me asomaba a sus entrañas "
(PABLO MORA)





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Parte de la información para esta historia fue obtenida de : "El Cielo es el Límite", por Alvaro Rocha (Revista Somos No. 1260 - Diario El Comercio) y "Omar Contreras abrió sus alas a otros cielos en El Chimborazo", por Carlos Luis Ocanto (PCC/analítica.com).

Al empezar esta historia, líneas escritas por Omar Contreras en su cuenta de Facebook.
Al finalizar, "Yo Te Extrañaré" por Tercer Cielo.

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15 enero, 2011

EL VUELO DE ALFONSO


Creo que por fin ha llegado el momento. Tengo que intentarlo una vez más y ojalá sea hoy la definitiva. Pero estoy algo triste, pues si todo sale como espero, dejaré atrás una familia que me ayudó y me dio cobijo en el momento en que más lo necesitaba. Nunca pensé encariñarme tanto con ellos ni que existieran personas tan buenas. Pero no puedo quedarme aquí. No pertenezco a este tipo de vida. He mejorado mucho, la herida sanó y mis dolores desparecieron. Tengo que marcharme.

Recuerdo el día del accidente y la tibieza de la sangre al ir humedeciendo mi cuerpo. Debo haber perdido el conocimiento durante algunos segundos, pues desperté sin estar orientado en tiempo ni espacio. Lo que sí sabía es que empezaba a sentir mucha hambre. El corte parecía haber empeorado, pues no sentía ningún alivio al realizar los movimientos de siempre. El dolor era constante y creciente. Sin embargo, tenía que empezar a caminar un poco. Tenía que hacer mucho ejercicio, aunque antes necesitaba alimentarme bien para estar en forma.

Me encontraba solo, lejos de mi familia y a expensas de gente extraña. Había un hombre que me daba de comer, pero ese día se estaba tardando demasiado. Me llevaba carne cruda en una bolsa plástica, no sé de dónde la sacaba pero sabía horrible. Prefería mil veces pescado fresco, tan delicioso y tan lejano entonces.

Mis alas parecían haber perdido forma y tamaño. Sería tal vez por lo delgado que estaba en esos días. Mi cuerpo parecía a simple vista, el de una pequeña gaviota desarmada. Una mañana en que la herida me dolía tanto, el hombre me metió en una especie de canasta y me sacó del lugar donde estaba. Pensé que era el fin. Nadie tenía por que cuidarme tanto, para qué? No tenía sentido. En ese instante hubiera querido estar mejor alimentado para empezar a correr y alzar vuelo, pero las fuerzas no me daban. Estaba muy débil. Cerré los ojos y esperé que suceda lo que tenía que suceder. Estaba casi seguro que no sería nada bueno.

Cuando llegamos a nuestro destino y sacaron el trapo que cubría mi cabeza, tuvo que pasar un momento para volver a acostumbrar mis ojos a la luz. Había un sol esplendoroso, pero todo era seco a mi alrededor y me desesperaba. Entonces fue que los conocí. Era una familia que me recibió con mucho cariño. Se acercaban a mirarme con detenimiento, conversaban y luego se marchaban, para regresar luego con una especie de ungüento que aplicaban a mi herida. Al comienzo era muy doloroso sentir esa especie de remedio salvador, pero yo estaba consciente de que era por mi bien. Trataba de no poner mucha resistencia. Esto se repetía en varias oportunidades y durante varios días, hasta que una tarde sentí que la herida no me dolía más y que tampoco sentía ese calorcito alrededor de ella. Había sanado, al fin.

Lo que llamó más mi atención en casa de esta familia, fue que muchas veces charlaban conmigo como si fuera uno de ellos. Me daban de comer pescado, no tan fresco pero delicioso. Me engreían. Reparé también en que me habían puesto un nombre, pues cada vez que se dirigían a mí lo mencionaban. Mi nombre era Alfonso. Pero lo que no me agradaba de aquella casa eran unos animales muy salvajes y bullangueros. Uno de ellos era negro y estaba amarrado al pie de una higuera. Ese era el más bravo y gritón. Pero habían otros que se desplazaban por toda la casa, la chacra y los corrales, moviendo la cola con exageración y con sus hocicos abiertos. Eran unos animales que yo pocas veces había visto. Los llamaban perros. Muchas veces, cuando estaban de pocos amigos, tenía yo que ponerme a buen recaudo para que no me atacaran. Felizmente, ya podía dar saltos regulares y suspenderme ayudado por mis grandes alas, las cuales empezaban a tener mejor forma y se veían más saludables.

Estoy muy agradecido con todas estas personas. Ahora trato de impulsarme mejor y veo que ya puedo volar. En realidad, he venido practicándolo mucho. El gran día por fin ha llegado y éste será mi último ensayo. Veo que la distancia que puedo volar es grande. Estoy fuerte y sé que podré llegar al mar sin ningún problema.

La gente, mi familia adoptiva, me mira con algo de tristeza. Es la primera vez que dejo el territorio donde hasta hace poco estaba viviendo. Pero, de alguna manera debo demostrar mi agradecimiento, no puedo marcharme así y decido regresar, volando en círculos. Doña Margarita, la dueña de casa, ha dejado sus labores cotidianas y observa mi vuelo, haciéndose sombra con una mano. Los hijos de ella, que en ese momento se encuentran ahí, me miran también, resignados y satisfechos. Ellos y yo sabíamos que este momento llegaría. Los he perdido de vista nuevamente pero insisto y regreso una vez más. Lo hago luego, por tercera y última vez, y siento que me invade una especie de tristeza cuando ellos levantan sus manos y me hacen la señal del adiós. Me acerco un poco más y me inclino para escuchar lo que dicen. Se están despidiendo de mí, pues mencionan mi nombre una y otra vez, nombre que muy orgulloso llevaré y recordaré siempre.

- Adiós Alfonso – alcanzo a escuchar.

- Adiós amigos – musito.

Es una tarde soleada y ya no miro hacia atrás. Estoy realizando un vuelo perfecto. En unos minutos tendré el mar frente a mí y la brisa se encargará de disipar todo lo que se parezca a una lágrima.








Dedicado a Margarita Ávalos Urquizo
(* Oct.25, 1932  Enero 15, 2009)



22 diciembre, 2010

LOVE KILLS


Hace algunos días falleció el gatito de Anna Gabriella, un pequeño minino que apenas cumplió un mes de nacido y, tan diminuto como era, tuvo que enfrentarse a su trágico e irremediable final. Era plomo y atigrado, según tengo entendido, pero no llegué a conocerlo como debería.

La madre del pequeño animal era una gata pequeña, sucia y macilenta, tan callejera como su destino se lo permitió y que de pronto se vio aliviada del estrés de tener que cuidar a su cría, gracias al instinto maternal de la niña, quien solícitamente le brindó leche, techo y abrigo. Esta mamá gata sólo aulló un par de noches reclamando la patria potestad de su pequeñuelo, para luego hacerse la desentendida, retomando su vida fácil y conformista, confiando, claro está, en el fiel cuidado de la grácil niña. Un gran error por parte del animal.



Todos sabemos que los niños aman mucho a sus mascotas. Todos ellos tienen muy buenas intenciones para con ellas, pero las aman tanto y les dedican tanto tiempo, caricias, alimento y oxígeno, que terminan asfixiándolas, irremediablemente. Y no lo digo sin razón ni por ser un malhablado, pues si de tener pruebas se trata, he aquí algunos casos que podrán dar fe de ello :

Recuerdo a la pequeña Daphne, hija de una amiga mía. Esta niña guardaba una ternura tan vaporosa en su corazón que calentaba a su hámster vistiéndolo con las mejores y más abrigadoras ropitas, especialmente fabricadas para él. Lo abrigaba tanto y a toda hora que terminó sofocando al ratoncillo debajo de su cuerpo en el insistente afán de prodigarle aún más calor. Lloró tanto Daphne, que sus amados padres terminaron comprándole otra pequeña víctima; la colocaron, al igual que la anterior, en la abrigadora colchita que la niña tenía ya preparada para tal fin.

Del mismo modo, Aracelita, de escasos cuatro años, amaba y acariciaba tanto a sus pollitos recién nacidos, que éstos resultaban dando vueltas sin ton ni son, mareados e idiotizados entre el amor de la niña y la fuerza de la gravedad, para caer luego en un sopor del que no levantarían más. Daba pena ver a los animalitos que, ya suficiente fatiga habían tenido horas antes para salir de sus respectivos cascarones, e instantes después verlos perder su batalla frente a la amorosa niña de trenzas rosadas y sus mortales caricias.

Y aunque fue un caso muy peculiar, viene a mi mente el pequeño Marco, corriendo detrás de un gatito que, desesperado huía, en su inútil afán de buscar la ayuda del primer adulto que se cruzara por su camino. El animalito, totalmente traumatizado, terminaba siempre refugiado debajo de un mueble o trepado detrás del viejo refrigerador pero, contra todo pronóstico, tuvo mejor suerte y futuro, alejado, desde luego, de las manos del maniático niño.


Los amorosos padres de estos niños, hacen de todo por complacerlos, les hablan con tanta dulzura, los miman y les hacen cariñitos, les aconsejan que traten a los animalitos con delicadeza, que no los estresen. Los niños asienten, primorosos e inofensivos, pero después de algunos minutos vuelven a la carga y dan fin, sin querer, a sus pequeñas e indefensas mascotas.

El gatito del presente relato sufrió un pequeño accidente doméstico-literario, es decir, le cayeron tres pesados libros y lo despanzurraron. La niña lloró desconsoladamente. Fue el apocalipsis durante algunas horas. Todo un drama para la familia, como suele suceder.

En algunos casos, la segunda parte de los hechos es aún más traumática, porque los niños vuelven al ataque e intentan revivir a sus caídos animalitos de todas las formas posibles, volteándolos y poniéndolos de mil maneras, pero éstos ya son como pequeñas marionetas sin vida, muñequitos desarmados, globitos desinflados. Si es que, de repente, aún no exhalaban su último suspiro, ese aparente movimiento resucitador o desesperada maniobra de salvación, resulta siendo un involuntario y desalmado tiro de gracia para ellos.

Muchos niños no hallan la paz espiritual por la partida de sus mascotas hasta que ven que éstas son sepultadas como debe ser. Si los padres no cumplen con este sagrado ritual, tendrán que cargar con un remordimiento tan grande que se traducirá con el tiempo en costosas sesiones de terapia para el pobre niño traumatizado, después de ver a su animalito en posición eterna.


Y la historia se vuelve a repetir una y otra vez. La madre y el padre, si no son los abuelitos, juran que ya no habrán más mascotas en casa, pero los niños arman una vez más su maquiavélico plan y empiezan a manipularlos con emoticons en vivo : ponen sus caritas tristes, sus ojitos brillan y sus manitas se vuelven hermosas maripositas en el aire, prometiendo querer y cuidar mucho a sus nuevas mascotitas. Muchas veces, ya no es un gatito pues esos animalitos son muy delicados y se mueren muy rápido, atreviéndose a decir que hasta sin motivo.

- Mejor un perrito, hijito, los perritos son más fuertes... - Dicen los emocionados padres. Y el ciclo vuelve a empezar, cual macabra película de terror.

Así andaba la pequeña y aparentemente inofensiva Daphne, una semana después de la muerte de su segundo hámster. La tristeza aún se podía ver en su inocente rostro y hacía pucheritos al entrar al mall de la mano de su padre. Era Navidad e iban de compras.... De pronto, volteó su rostro y sus ojitos se iluminaron. Sus piececillos pararon en seco, su mano se soltó de la mano que la asía y corrió hacia una colorida cajita detrás del vidrio de un gran mostrador.

- Mira papá, qué lindo conejito !!!



07 diciembre, 2010

ETERNAMENTE BELLA


Diciembre 7, 1983

Nebulosa y fría mañana en el Aeropuerto Internacional de Barajas en la ciudad de Madrid. Una bella dama con gafas oscuras llega hasta ahí acompañada por su esposo. Por los altavoces, se anuncia la partida del vuelo 350 de Iberia con destino a la ciudad de Roma. A pesar de ser un viaje corto, ella ha adelantado su vuelo para no dejar esperando a su hermana mucho tiempo en esa ciudad. Del brazo de su esposo, se dirige a realizar los controles documentarios y observa a través de los grandes ventanales el avión que la llevará a su destino. Entonces, suspira. Está feliz pues nadie la ha reconocido.

Sin duda, es una estrella. Lo que pocos saben es que esta bella dama pasó momentos muy difíciles en su juventud hasta que la fama y la popularidad tocaron a su puerta, permitiéndole mejorar su situación económica y cambiar completamente su estilo de vida. Con el éxito que la acompaña, ha podido sacar adelante a su familia.

Cuando la conocí, se llamaba Rubí. La recuerdo cayendo desde lo alto de un edificio y estrellando su maldad contra el frío pavimento. Después fue Yesenia, la preciosa gitana que hizo suspirar a una legión completa de admiradores. Luego la vi, bellísima, entrevistada para una famosa revista femenina, sonriendo y mostrando su precioso apartamento en una exclusiva zona del país que la vio nacer. Ya no mostraba esa maldad que la caracterizó cuando era la odiosa, fría y calculadora Rubí. Se la veía impactante, envuelta en un largo traje marfil adornado con elegante pedrería, el cual contrastaba muy bien con el oro de sus cabellos. Sus labios invitaban al deseo. El fotógrafo supo aprovechar sus mejores ángulos y nos brindó esas inolvidables tomas. Ella, siempre sexy y tan dispuesta para los flashes. De aquella entrevista, recuerdo los tonos dorados de los bellos sillones con detalles de castillos medievales franceses y las preciosas pinturas que adornaban el recinto, incluidos algunos retratos suyos dignos de ser exhibidos en los mejores museos de Europa, pero que jamás lograron describir su peculiar y perturbadora belleza.

 

En el aeropuerto, la mujer se apresta a abordar el avión, se despide de su esposo con un discreto beso y sube con premura para evitar saludos de posibles admiradores. No ve a nadie conocido y logra ubicarse en su asiento minutos antes que la tripulación indique a los pasajeros que deben ajustarse los cinturones de seguridad.
En un par de horas, aproximadamente, se reunirá con su hermana en la ciudad eterna.
 

Últimamente, esta preciosa mujer ha puesto un alto a su agitada existencia. Además de ser una persona de muy buen corazón, ha reflexionado mucho, sumiendo su vida en la meditación y alejándose al mismo tiempo del mundo de la ficción. Hace obras altruistas. Ha vendido algunas de sus propiedades y distribuido también algunos bienes en su entorno familiar. En la actualidad, dedica su vida al orden espiritual, con mucha discreción, rehuye la fama efímera de las candilejas y los reportajes periodísticos. Nunca se ha considerado una diva, pues la vida es muy corta y no da lugar para ese tipo de vanidades. 

El avión empieza su carrera de despegue, alcanzando luego la velocidad de rodaje. Su cuerpo se inclina levemente y le parece muy agradable esta sensación de flotar en el aire. Empieza a relajarse por fin, después de tantas tensiones acumuladas. Justo cuando la nave empieza a levantar el morro, los pasajeros ven inundarse todo con la luz de otro avión que se dirige hacia ellos, cada vez más cerca. Hace un par de años, ella ha perdido a su madre y a un hermano. Piensa en su sobrina y en el apoyo que necesita su hermana con la niña. Desea seguir siendo el sostén de su familia, pero las enseñanzas tan bien aprendidas de la filosofía hindú la traen a tierra. Éstas le han permitido darse cuenta que la vida no es más que un soplo. En eso andaban sus pensamientos al abordar el avión en este frío día de diciembre y en eso piensa en el momento en que una fuerte sacudida la hace comprender que hay momentos que llegan sin ser esperados y que es más bien un viaje a la eternidad el que está iniciando.


 
Fanny Cano
* Febrero 28, 1944
† Diciembre 7, 1983



01 noviembre, 2010

LA GRAN FIESTA


La reja se cerró a las seis en punto. El frío viento invernal empezó a recorrer techos, jardines y corredores. Las copas de los árboles se mecían con fuerza, mientras el lúgubre manto de la noche empezó a caer, cubriendo aquel recinto carente de luz y de estrellas, acompañado solamente por el aletear de las aves, el sonido incesante de los bichos y la lucha de múltiples roedores reduciendo a sus ocasionales presas.

Los obvios invitados no tardaron en llegar. La gran fiesta se inició exactamente a la medianoche, conscientes los asistentes de que no podía prolongarse más allá del fulgor del lucero del alba.

Las parejas empezaron a juntarse por afinidad, algunas teniendo en cuenta su edad y otras de acuerdo a su ubicación en los distintos pabellones, los cuales se mostraban adecuadamente adornados para la ocasión.




Aunque la mayor parte de los asistentes eran personas de avanzada edad, también algunos jóvenes recorrían el patio y los amplios corredores, tratando de encontrar alguien con quien disfrutar del momento. Algunas mujeres, cual fiesta de disfraces, llegaban ataviadas con ropas de inicios del siglo anterior, luciendo peinados exagerados y bastante llamativos. Las más jóvenes usaban vestidos de organza, otras de tafetán y de lino las más modestas. Varios niños se sentaron a observar el baile mientras otros se cogían de las manitas dando saltitos enternecedores.

Dos señoras delgadas de mediana edad, ambas vistiendo el hábito del Señor de los Milagros aún no decolorados por el paso del tiempo, se hicieron mutuas venias y cogiéndose de las manos empezaron un baile sin fin. Una de ellas iba descalza, la otra llevaba unas curiosas zapatillas de tela; ambas recorrieron el patio sin apuros y sin detenerse, mientras sus cordones blancos bailaban al mismo ritmo y sus detentes flameaban al viento.




No faltaron los reencuentros entre familiares y amigos, gritos emocionados, besos y algunos desmayos, como es lógico. Tampoco faltaron los grupos de parroquianos que, emocionados, se reunían para hacer del chisme su mejor motivo de estar.

Un joven blanquiñoso, que hasta entonces había permanecido sentado a un costado de la alberca, se atrevió por fin a ponerse de pie, poco a poco fue avanzando y logró ocultarse tras una gigantesca escultura en el centro del patio. La muchacha sonrió al verlo, de reojo, con el cabello algo más crecido desde el último baile y además con el traje que parecía haberse acortado en la parte que debía cubrir completamente sus piernas. Ella tomó la iniciativa esta vez, sorprendiendo al joven por detrás y cubriéndole los ojos con sus transparentes y pálidas manos, destrozando en su intento tiernos rosales y geranios bajo sus pies. Corrieron ambos felices y lánguidos siguiendo el estrecho caminito de piedra caliza y sólo se detuvieron cuando el joven cogió prestada una margarita y la colocó en el enmarañado cabello de la muchacha, sellando el acto con un beso.

Las parejas danzaban sin parar. Un grupo de señoras formaron una ronda alrededor de un esbelto ciprés mientras dos hombres que andaban buscándose hacía muchísimo tiempo, luchaban sobre el húmedo césped a puñetazo limpio.

La noche pareció muy corta, ya que todos se sorprendieron cuando el hombre que vigilaba la reja dejó de roncar y encendió la luz dentro de su pequeña caseta. En ese instante, se percataron que empezaba a amanecer y que debían dar por terminada la reunión. Suspiros, besos, despedidas y alguna que otra lágrima se sucedieron todos en un instante. Los hombres que peleaban, furiosos y extenuados, se separaron, jurándose otro encuentro similar y levantando amenazadoramente los puños.

La luz del amanecer se abrió paso entre los cipreses y el olor a flores destrozadas empezó a expandirse por todo el lugar, en ausencia ya de aves y pequeñas sabandijas. El vigilante apagó la luz y observó algo extrañado el panorama del patio, sorprendiéndose por el desorden. Tendría aún tiempo de barrer un poco antes que llegara su reemplazo y sólo se inclinó para tomar entre sus manos y examinar un raído e incoloro detente. No tuvo mucho tiempo para pensar, terminó su labor, ordenó su caseta, cogió la pesada llave y abrió la gran reja de par en par, teniendo en mente no olvidar engrasar las bisagras esa misma noche para suavizar el exagerado sonido metálico que producían. Luego, montó su vieja bicicleta y abandonó raudamente el campo santo.



29 junio, 2010

ÁNGEL Y RUISEÑOR


Ángel Galán, vino al mundo un día como hoy en Monreal del Campo, una pequeña y hermosa ciudad ubicada en Teruel, Aragón. Su nombre completo es Pedro Ángel Martínez Garcés (Ángel por su abuelo). De niño perteneció al Mater Amábilis, una escolanía de los padres jesuitas ubicada en Madrid. Desde pequeño tuvo una voz privilegiada. A los nueve años de edad ya era conocido como Pedrín, el ruiseñor de Monreal, fue campeón nacional de jota y recorrió casi toda Europa cantando villancicos.

"Pedro Martínez Garcés fue un infante de voz preciosa", publicó el Diario ABC de España en su sección musical un 30 de Noviembre de 1966.



Después de realizar el servicio militar, graba sus primeros sencillos : Hablar de Amor y Hojas Secas. A los veinte años, Angel Galán participa en el Festival de Benidorm-1975 y logra la cuarta ubicación con la canción Quiero Que Sepas. Ese Festival era muy famoso en España y sirvió para impulsar la carrera de muchos cantantes hacia el resto del mundo.

Grabó su primer disco larga duración con bellas composiciones, de donde podemos extraer dos que le sirvieron de promoción en toda Latinoamérica : No Podrás Olvidarlo Nunca y Yo Pronuncio Tu Nombre. Su segundo disco, compartido con otros cantantes españoles como Braulio, Emilio José y Andrés Do Barro, fue titulado Los Cantautores Cantan sus Poemas, para el sello discográfico Belter.


En todo este tiempo, Pedro Ángel no ha parado de cantar ni de escribir. Tal vez en su tiempo no fue muy reconocido ni se le hizo una promoción adecuada, debido a que Belter andaba escasa de recursos en el momento de su fichaje.

Actualmente, Pedro Angel integra junto a sus hermanos Luis Javier y María Jesús el grupo Armonía del Jiloca, e interpretan jotas y música folclórica aragonesa, siempre bajo la atenta mirada de un público que lo siguió desde muy niño y a quien siempre ha entregado su arte y su voz, todo a cambio de ese maravilloso sonido que sólo tienen los aplausos que salen del alma, según sus propias palabras.



" Estoy seguro que otra boca mis besos borrará
pero la esencia de aquel sentimiento en ti quedará "



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Fuente de Datos : PEDRO ÁNGEL MARTÍNEZ GARCÉS

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