30 junio, 2009

DISCOS, LIBROS y POSTERS




Hay un lugar donde me refugio cada vez que las cosas marchan o no marchan bien y en donde construyo recuerdos y soy feliz. Mi cuarto es un sitio pequeño, ordenado y acogedor. Tiene un toque personal desde cada ángulo por donde se le mire y no son pocos los integrantes de mi familia que se admiran cada vez que observan los pequeños detalles ahí encontrados. La creatividad tiene un lugar preponderante en mi discreto y cómodo espacio.

La puerta de mi cuarto es ancha, color plomo y comunica directamente al patio con geranios, buenas tardes y helechos, brindando una ventilación adecuada. Desde la ventana se puede observar el callejoncito que es la zona común para las tres casas familiares y una cortina muy bien ubicada impide que cualquier niño curioso eche por tierra mi amada privacidad. El techo de vigas de madera está completamente cubierto por plástico amarillo y del centro pende un foco cubierto con una pantalla blanca que le da una apariencia simple y seria a la vez.


El ropero de tres cuerpos es bastante clásico. Ahí se encuentra mi colección de discos long play, justo al lado del tornamesas Dual. Es una colección de música romántica, pequeña pero muy querida. La carátula de cada disco está plastificada y, por dentro, un forro imantado especial protege sus notas musicales. Cada vez que escucho uno de ellos, me transporto y siento que tal vez la felicidad esté ahí, oculta, transfigurada y mezclada en esos mágicos surcos. Será que soy demasiado sensible a esta clase de arte, pero bueno, quién no se rinde antes tan hermosas notas musicales.

Mi otra pasión, los libros, se encuentran en un armario especial y, como suele suceder, el espacio se hace cada vez más pequeño para cobijarlos. Los autores son varios como variados los temas. Se pueden encontrar ahí títulos clásicos de García Márquez o Vargas LLosa como también un Nuevo Testamento o un Libro Aguayo de Lectura, una biografía de Maquiavelo, o una abrumadora colección del Reader´s Digest e inclusive algunos números de Playboy, entre muchas otras obras de autores poco conocidos pero no por eso menos interesantes. Debo reconocer que los libros son un placer elemental del cual nunca me he privado.

Al lado derecho, a continuación de la ventana, se encuentra mi cama, la cual está cubierta por una colcha tejida palmo a palmo por las manos hábiles de abuelita Victoria, quien tejió varias para mí. Tiene la medida justa y ninguna otra compite en labor y blancura con ella. Ahí escucho mis discos, ahí leo y ahí me encuentro también con mis libres pensamientos.
La parte que más llama la atención en mi querido cuarto son las paredes, pues hay muchas carátulas de discos pegadas estratégicamente en ellas. También hay posters de gente famosa, enmarcados en su totalidad por cajitas vacías de fósforos Lufthansa y de chiclets Adams, donde cuido mucho la combinación de colores, logrando dar al conjunto un aire genuino y ecléctico. La imagen de la bella chica de amplia sonrisa con la que empiezo este relato fue, a mediados de los años setenta, el poster más vendido a nivel mundial y es el más visto de todos los que se encuentran en mi pequeño espacio.


Junio 25, 2009

Hay un lugar donde me refugio siempre, vayan las cosas mal o bien. Mi cuarto actual ya no comunica con ningún jardín y extraño la Casa con aquel callejón tan especial. Siempre escucho música, leo libros y desde mi habitación me transporto a muchos otros lugares a través de internet. Las canciones ya no se reproducen en un tornamesas, pues los discos dejaron su lugar a la computadora. Tampoco veo la mirada de la gente en los posters pues el cuarto donde ahora me encuentro tiene las paredes vacías. Todo tiene su ciclo y las viejas fotos gigantescas de pared cedieron su lugar a proyecciones en pantallas de cristal líquido.

Hay muchos objetos de antes que ya no están en mi cuarto actual, pero que no echo de menos. Sin embargo, me hacen mucha falta las personas que solían entrar en él, en esa habitación donde pasé gran parte de mi vida. Extraño las voces que dejaron de escucharse y toda la gente querida que dejó de estar para siempre allí. Jamás nadie ocupará el lugar que les pertenece. Tal vez ellas vuelvan de otra manera, quizá confundidas en un sueño incompleto, plasmadas en una carta amarilla, reflejadas en una fotografía maltratada por el tiempo o simplemente a través de una canción como esta o como tantas otras . . .




Relato inspirado por y dedicado a Farrah y Michael, fallecidos ambos circunstancialmente hoy, 25 de Junio del 2009.

 Just call my name 
and I´ll be there ...


3 comentarios:

La Marcianada dijo...

La mejor cancion... buenisimo tu blog!!

Salu2

Azariel dijo...

Cuando describes tu habitación, automáticamente imagino la mía y creo que carece de personalidad... Ya que consiste en murallas blancas, librero, repisa de música y películas, un escritorio con un notebook, una bandera Chilena, dos cuadros de películas (El gran dictador y Lo que el viento se llevo) y un olor a cigarro, que a veces cambia a perfume...
En algún lugar de mi vida olvidé los detalles... por ejemplo tenía un altar para honrar a mis inspiradores, tales como Gurdjieff, Ouspensky, Nietzsche, al viejo Gustav Meyrink, y aunque te parezca extraño a Rasputín, una hermosa foto de mi madre, la virgen de los rayos, Mikao Usui. Siempre había una vela blanca, vela azul y incienso.

)Azariel(

Anónimo dijo...

Puedo reconocer las capacidades comunicativas que el autor discretamente las propone, éstas son a mi entender esencialmente artísticas, por ello su lectura resulta interesante, placentera. motivadora, etc. Gracias, firme y adelante.